jueves, 26 de noviembre de 2009

Misa Ricotera. La Plata, 21 de diciembre de 2008

Y se viene la segunda. Si. Arruinada y con dolores hasta en partes del cuerpo que pensé que no tenía, volví a dirigirme al Estadio. Dispuesta a disfrutar del show que el señor Solari iba a brindarme como despedida.
La excitación y los nervios fueron más que los del sábado, eso seguro. Estaba tranquilita esperando que empezara y me temblaban las piernas, me dolía la panza, tenía ganas de llorar, no sé. Fue loquísimo.
A las 22.05 él salió a escena y morí. Si, otra vez. Otra vez “Pedía siempre temas en la radio”, “Ramas desnudas” y “Porco Rex” para arrancar esta segunda misa. Rogaba que no volviera a hacer los mismos temas que el sábado porque no hubiera estado tan excelente como estuvo. Y otra vez me atrevo a decir que este hombre nunca me va a defraudar. “Un poco de amor francés” hizo temblar a La Plata. Y mejor ni hablar, no porque no quiera sino porque no se puede explicar, cuando “Fusilados por la cruz roja” salió a escena. INCREÍBLE. El agite de la gente, las bengalas. Cantar tan alto que ya ni el Indio si escuchaba. ¡Qué fiesta! “Bebamos de las copas lindas, “Pabellón séptimo” y “Martinis y tafiroles” volvieron a repetirse. “Y mientras tanto el sol se muere” también volvió a repetirse, obviamente. Pero no sé por qué. No encuentro las palabras exactas para describir lo que me pasó. Pero lloré, lloré mucho. De repente caí de que estaba ahí otra vez, que muy pronto se iba a terminar y que no sabía cuando iba a volver a verlo. “Tatuaje”, “Sopa de lágrimas (para el pibe delete)” y “Te estás quedando sin balas de plata” lograron calmarme y pude seguir festejando. Mi llanto cesó increíblemente cuando la fiesta volvió a hacerse sentir. Cuando volví a darme cuenta donde estaba y porque estaba ahí. “El infierno está encantador esta noche” comenzó a sonar. Extrañaba tanto que tocara ese tema, y salió tan bien otra vez que casi me emociono de nuevo. Pero “Mariposa pontiac/Rock del país” salió tan rápido que no me dio tiempo a nada. Si, a seguir saltando y cantando. Feliz, muy feliz, por poder volver a estar ahí. “El tesoro de los inocentes” me hizo llorar otra vez. La puta madre, si que estuve maricona el domingo. ‘Yo quería imponer el pasito y los floggers me cagaron’, dijo el Indio y “Por qué será que no me quiere Dios” empezó a sonar. Volvió a invitar a Calamaro al escenario. Yo tranquila, igual que el día anterior. Canté las canciones. Me enoje con los caretas que putearon a Calamaro durante todo el día y cuando lo vieron salir gritaban: ‘Grande Andrés’. Los temas fueron nuevamente los mismo, “Veneno paciente”, “Esa estrella era mi lujo” y “El salmón”. ‘El futuro cada vez está más cerca’, nos dijo el Indio y “To beef or not to beef” emocionó nuevamente a más de uno. “Un ángel para tu soledad” fue una fiesta igual o mejor que la del día anterior. Yo, desde la platea, puede apreciar muchísimo mejor el show que da la gente. Es increíble. Me emociona el tan solo recordarlo. Sin parar de saltar y cantar “Nadie es perfecto” enganchada con “Ñamfri fruli fali fru” volvió a presentarse. El Indio nos dijo que tal vez nos veríamos el año que viene porque le quedó un show pendiente, pero que se iba a meter de lleno en la grabación de su tercer disco. Fue la despedida. Otra vez esa sensación rara en la panza, otra vez la garganta cerrada y “Juguetes perdidos” me hizo llorar como nunca pensé que lo haría. Se me vinieron un montón de cosas a la cabeza, y escribo esto y vuelvo a llorar como una tonta. Pensé que lo primero por lo que iba a brindar este año nuevo (y de hecho así lo hice) iba a ser por el excelente año que tuve. Mi 2008 estuvo plagado de alegrías y emociones. Recordé el viaje a Córdoba, toda una odisea, el increíble recital que me hizo vivir. Mi primer recital del Indio. Tandil, las cosas que viví allá también. El no haber ido a San Luís y mi arrepentimiento. No sé, recordar todo eso. Volver a la realidad y ‘cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón’, era lo que salía de mi boca. Y caer, si, caer en que era el ‘hasta luego, Indio’. No sé. No quería que el recital terminara nunca, no me quería ir. No podía hacerlo. ¡Ay por favor! Es increíble todo lo que ese hombre me hace sentir. “Flight 956” la escuché sentada en la platea, llorando, mientras todo el mundo saltaba y cantaba a mi alrededor. Cuando la canción llegaba a su fin, me paré y pensé ‘Gracias Indio, gracias de verdad’. “Jijiji” y el pogo más grande del mundo secaron mis lágrimas por un rato y agité, salté, canté y formé parte, nuevamente, de esa fiesta increíble. Se despidió y salió del escenario. Me senté, esperando que salga toda la gente, que se despeje un poco el área para poder caminar. Y mientras miraba el show de fuegos artificiales, lloré otra vez. Lloré al darme cuenta que se había terminado este año repleto de recitales increíbles. Lloré de emoción al darme cuenta que yo había podido formar parte de ellos. No sé. No puedo explicarlo, no puedo contarlo sin volver a llorar. Es increíble, indescriptible, impagable. IMPRESIONANTE.
Gracias, Indio. Gracias x estas dos noches increíbles en mi ciudad. Gracias por agregarle felicidad a este 2008. Gracias por siempre ser el mismo. Gracias por hacerme vivir uno de los mejores años de mi vida. Gracias por llenarme tanto el alma.

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