jueves, 30 de diciembre de 2010

Cuántas veces me pregunto si esto no es más que escritura, en un tiempo en que corremos al engaño entre ecuaciones infalibles y máquinas de conformismos. Pero preguntarse si sabremos encontrar el otro lado de la costumbre o si más vale dejarse llevar por su alegre cibernética, ¿no será otra vez literatura? Rebelión, conformismo, angustia, alimentos terrestres, todas las dicotomías: el Yin y el Yang, la contemplación, avena arrollada o perdices, Lascaux o Mathieu, qué hamaca de palabras, qué dialéctica de bolsillo con tormentas en piyama y cataclismos de living room. El solo hecho de interrogarse sobre la posible elección vicia y enturbia lo elegible. Que sí, que no, que en ésta está… Parecería que una elección no puede ser dialéctica, que su planteo la empobrece, es decir la falsea, es decir la transforma en otra cosa. Entre el Yin y el Yang, ¿cuántos eones? Del sí al no, ¿cuántos quizá? Todo es escritura, es decir fábula. ¿Pero de qué sirve la verdad que tranquiliza al propietario honesto? Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas.
Julio Cortázar
Rayuela

Acción

Poner al día, vaya expresión. Hacer. Hacer algo, hacer el bien, hacer pis, hacer tiempo, la acción en todas sus barajas. Pero detrás de toda acción había una protesta, porque todo hacer significaba salir de para llegar a, o mover algo para que estuviera aquí y no allí, o entrar en esa casa en vez de no entrar o entrar en la de al lado, es decir que en todo acto había la admisión de una carencia, de algo no hecho todavía y que era posible hacer, la protesta tácita frente a la continua evidencia de la falta, de la merma, de la parvedad del presente. Creer que la acción podía colmar, o que la suma de las acciones podía realmente equivaler a una vida digna de este nombre, era una ilusión moralista. Valía más renunciar, porque la renuncia a la acción era la protesta misma y no su máscara.

Julio Cortázar
Rayuela

lunes, 20 de diciembre de 2010

NO ES DIOS TODO LO QUE RELUCE (Lux perpetua luceat eis)

Hay una luz en esa cruz, la luz que los ciegos ven. Que hiere nuestros ojos en un lujo fugaz y no deja mirar y no hay alivio.
Sonríen todo el tiempo y se hacen ver por los felices que están de sonreír...
Hay un ladrón en esa cruz, actúa en la eternidad. Y al pie estás vos, tan ciego, jugando al mercader que ríe en esa estafa sin pestañear.
Al borde del camino te parás a rebuznar, feliz, jodiendo sin flaquear.
¡Esa otra cruz me toca a mí! Y aquella estrella es mi luz.
Hay una luz en esa cruz, la luz que los ciegos ven.
El cielo está tendido y el infierno servido y, una vez más amor, salvás mi vida. Bésame justo antes, por favor, de que mis ojos se cierren al final.
Hay una luz en esa cruz, la luz que los locos ven. Voy a bailar, llorando, sobre mis propios huesos. Voy a cambiar de estrella, cantando.
Nunca se sabe, puede suceder... que la vida no termine nunca más.
¡Y esa otra cruz te toca a vos! ¡Hacer como que no estoy!
Hay una luz en esa cruz, la luz que los locos ven. Hay una ladrón en esa cruz, actúa en la eternidad.