lunes, 21 de marzo de 2016

A las sombras del ministerio, ante los gritos del silencio más catedrático, el imperio reconoce la legitimidad del gobierno “antidemocrático” y “terrorista”, sobre el suelo de la patria socialista. Porque no, ni con sangre, ni con hambre, ni con la crueldad de ningún tirano, pudieron despellejar la dignidad del pueblo cubano, ni la piel de la Revolución: fue posible lo imposible. Y Fidel tenía razón.
 

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